Atropelló a un Alux

Publicado por Juan Felipe jueves, 5 de agosto de 2010


En 1973 -recuerda don Antonio Arjona Loria—, trabajaba en la desfibradora Venustiano Carranza, de Cordemex, que se encuentra a 5 kilómetros de Cansahcab, en el camino a Temax. Primero, a medio camino, estaba una finquita abandonada llamada Texan, que era un casco de hacienda y tenía una noria muy antigua y una mata de tamarindo muy grande y muy vieja; luego seguía Kuyche de las Flores, y luego la planta desfibradora.

Entrabamos a la 1:30 de la madrugada y empezábamos a las dos. Una vez, yendo en bicicleta con un grupo de compañeros del pueblo, me quedé de ultimo y venia por la orilla de la carretera. Como había luna, el cielo y el piso estaban claros, por eso alcancé a ver un bulto negro que, viniendo del tamarindo, cruzó la carretera. Era como de medio metro de alto, y no lo pude evadir, entonces sentí que lo atropellé y ainas me caigo. Yo dije: ¿Que atropellé, será un niño o un perro, o qué?. En ese momento empecé a gritarles a los muchachos que por favor me vinieran a auxiliar, porque ya había atropellado algo y no sabía que era.

Ellos se acercaron y resulta que como no había nada en la carretera empezamos a buscar en la maleza que crece junto, porque cuando se atropella a algún animal debe de quedar el bulto allá tirado. Pero no había nada. Era invisible la cosa esa. Nos atemorizamos y los muchachos me preguntaron:
-Bueno, ¿y qué es lo que atropellaste?
-Pues vi una cosa así respondí mostrando con las manos su tamaño.
Entonces dijo uno de ellos.
-Ja, es un alux, es uno de los muñecos esos que andan en las carreteras… y como aquí es un lugar deshabitado, es una carretera abierta... le salen a la gente.

Se le subió un alux a la bicicleta
En una ocasión un señor que atendía las mulas para tirar el bagazo del henequén que saca la desfibradora, don Bernabé Vázquez, alias El Mulero, tuvo un encuentro con ese alux. Resulta que siempre salía de ultimo para ir a la desfibradora y recorría todo el camino solo, pero esa noche, que estaba muy obscura, sintió que al pasar por Texán, a la altura de la mata de tamarindo donde según decían varios se veían cosas raras, se le subió algo en la parrilla de la bicicleta. Estaba seguro de que llevaba algo sentado atrás, pero no sabía qué cosa era porque no hablaba ni hacia ningún ruido, y él no se atrevía a voltear la cabeza.

Además, como iba solo, no podía preguntarle a ningún compañero que cosa llevaba allá. De pronto sintió que algo le empezó a tocar la espalda, como cuando se lleva a una persona sentada. Quiso pedalear más rápido, pero casi no podía avanzar, porque al mismo tiempo que estaba dale y dale a los pedales se le fue haciendo más pesada la bicicleta. Entonces pensó en tirar la bicicleta y correr, pero no le obedecían las piernas y empezó a sudar muy frio y a temer lo peor. Como pudo siguió pedaleando. Cuando lo contó, dijo que no supo cuanto tiempo pasó hasta que llegó a la desfibradora, pero le pareció una vida completa.

Al llegar al edificio hubo un momento en que ya no sintió el bulto y se bajó sin problemas. Revisó la parrilla, pero no había ni huella de lo que estuvo encima. Del susto se enfermó casi una semana, y empezó a irse a trabajar más temprano, para no viajar solo.

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