¿Existirán los vampiros tal como la tradición popular y la literatura los ha concebido? ¿Habrá seres de oscuridad que viven miles de años alimentándose de sangre humana? Quizás el vampirismo tiene una base diferente a la que conocemos. Tal vez la sangre humana no es más que una idea alegórica de lo que realmente nos da la vida. Tal vez la sustancia vital no es precisamente la sangre, sino el fluido universal con el que nacemos y que vamos enriqueciendo al paso de los años, que es lo que realmente apetece el vampiro.
Vamos a entrar a una historia verídica donde se cruzan la malicia humana, que nos lleva a la perdición; y la astucia de los seres del inframundo para llamarnos a sus redes mortales al aprovechar nuestras debilidades. Dispóngase a recibir... un beso para morir.
La antigua Estación Golondrinas, de Lampazos, Nuevo León, dormía bajo
Fueron 130 años de historia en que la estación vio pasar revolucionarios, presidentes y miles de familias emigrar tras el reacomodo poblacional que vino con la posrevolución, la industrialización y la búsqueda de una vida mejor al otro lado del río Bravo; pero ahora, ya ni trabajadores había en lo que fue un poblado de estación. El edificio principal de aquella parada, suspiraba recuerdos de cuando albergó todo un cuerpo administrativo; y la fila de casas de ladrillo, ahora abandonada, ya no servia más que como punto de vigilancia en espera de la llegada de cada convoy.
Don Vicente se había acostumbrado al silencio paso de las horas. A veces, solo se oía el chillido de una lechuza, el grave ulular del tecolote o el aullar del coyote con su ancestral llamado de amor a la hembra en celo. Como siempre, todo era una rutina en paz. El hombre recostado se apoyaba en un codo para vigilar hacía el norte, en espera del siguiente tren que habría que supervisar.
De pronto, de pie y al fondo del techado, descubrió una joven mujer que lo observaba atentamente. Era una rubia platinada de larga y ondulada cabellera, de una belleza excepcional. Y fascinado en la contemplación, la vio deslizar lentamente su descalzo paso hacia él. Vestía unos shorts que dejaban ver la tersura de sus bien torneadas piernas y una camiseta de vestir que, sin sostén, no podía disimular un busto bien formado.
En aquella soledad, era insólita su presencia pues no había una mujer en kilómetros a la redonda. Lo primero que pensó fue que era una muchacha perdida en el monte que necesitaba ayuda; o, posiblemente, un inmigrante ilegal que habrían bajado de algún tren. En todo caso, era un verdadero agasajo a la vista. ...Y sonrío al pensar que tal vez le caía como un regalo celestial para acompañarlo en su solitario turno. No sabía que, quizá..., ¡no venía precisamente del Cielo!
La mujer irradiaba júbilo en la mirada. También desbordaba entusiasmo ante aquel encuentro; aunque tal vez sus motivaciones eran diferentes. Vicente intentó levantarse para darle una digna bienvenida y en ese momento, aquel encuentro tomó un sesgo diferente e inesperado: ¡No pudo mover ningún músculo de su cuerpo...! ¡Descubrió que estaba totalmente paralizado...! En su interior, luchaba y se revolvía en esfuerzos por pararse. Imposible...
En la promesa de un abrazo, la bella tendía entreabiertos los brazos en su avance hacía el inerme vigilante. Llegó ante él, dejó colgar las manos a los lados de sus caderas, y quedó parada, mientras lo observaba a todo lo largo en contemplación golosa. Se arrodilló, lo acomodó entre sus brazos, acercó su rostro hermoso a la faz del hombre, que miró asombrado como adelantaba los labios para plantarle un beso en la boca; tan apasionado..., tan profundo..., que sintió que le llegaba a la garganta..., al estómago..., al vientre..., que le aspiraba la vida..., el alma misma.
Aterrorizado, sentía que lo iba vaciando lentamente de todo su interior. Algo salía de su cuerpo que era succionado por la pálida visitante que iba virtualmente devorándolo en aquel beso mortal. Desde su interior, luchaba por gritar, por pedir auxilio para que alguien acudiera en su ayuda; pero era un guiñapo indefenso en brazos de la criatura de la noche, que le aspiraba cada rincón de su interior sin que pudiera defenderse.
El festín terminó... La mujer lo soltó y se levantó satisfecha. Su víctima quedó al piso, desmadejado, paralizado, con la mejilla pegada al cemento mientras contemplaba el camino por donde la vio llegar. El bello demonio dio media vuelta y se retiró al correr por el aire, a zancadas sin tocar la superficie. Al llegar al extremo, dio un salto a tierra y desapareció de la vista del vigilante que empezó moverse y a levantarse penosamente.
Estaba débil, muy débil; pero caminó tambaleante alrededor del techo en busca de la mujer que lo había dejado sin fuerzas. Nada veía por los montes que rodean la estación sino la oscuridad y el silencio que ahora le daban miedo. De alguna manera, comprendió que había tenido un fatal encuentro con un demonio devorador que se había llevado toda su vitalidad.
Se frotó los labios... Los sentía adormecidos tras el beso fatal. Todo su ser temblaba en una debilidad extrema. Como pudo, bajó del techo y se refugió en algún rincón de la estación. De allí llamó por la radio para pedir asistencia a sus compañeros, que prestos llegaron y lo encontraron con la boca sumamente inflamada y con una historia que nadie creyó.
La mañana llegó y sus compañeros de trabajo lo observaban todavía extremadamente débil y con los labios muy hinchados. Fue ayudado a llegar a Lampazos de Naranjo donde su esposa tampoco pudo creer lo sucedido. En debilidad extrema, tuvo que pedir una incapacidad laboral. Sus amigos lo visitaban pero por lo increíble de estos hechos, se reían de la historia. Todos decían que la verdad era que había tenido una sabrosa aventura con la noctámbula. Creían que los besos fueron tan apasionados, ¡que así lo habían dejado...! Que aquella mujer había sido tan fogosa, que parecía que su intención había sido devorarlo. En su ignorancia, no sabían ¡que tanta razón había en sus palabras!
Los días pasaron y se convirtieron en semanas. Vicente se consumía día a día. Perdía apetito, peso y posibilidades de trabajar y sólo el reposo y los cuidados de su abnegada mujer eran el único consuelo. Ahora, al verlo enflaquecido y pálido, todos empezaron a tomar en serio su relato sobre la noctámbula.
...Y ahí está todavía. Ya nunca recuperó peso. Por las noches, despierta victima de terribles pesadillas: sueña la visita de una voluptuosa mujer que le sonríe y se le acerca con los brazos abiertos, ofreciéndole aquellos labios sensuales para un beso en el que le va la vida; aquel beso que fue su perdición.






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